Qué mensaje esconde lo que no soportas

“El cuerpo nunca está enfermo ni sano, ya que en él sólo se manifiestan las informaciones de la mente. El cuerpo no hace nada por sí mismo. Para comprobarlo, basta con observar un cadáver”

Así comienza uno de los párrafos del libro “La enfermedad como camino” de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke.

Y es que nuestro cuerpo no habla, grita si es necesario cuando algo no va bien en el interior de nuestra mente. Y la única forma que tiene de mostrárnoslo es con las enfermedades.

He querido hacer un resumen de mis aprendizajes, se agradecen los comentarios y aportaciones al respecto.

Si la enfermedad no es un obstáculo sino un medio a través del cual alcanzar la salud integral y comprendemos la salud como un estado de armonía entre cuerpo, mente y espíritu/alma entonces cuando caemos enfermos y combatimos los síntomas de inmediato tapamos la consecuencia pero no destapamos la causa del problema.

Le enfermedad es una herramienta de la que podemos servirnos para averiguar aquello sobre nosotros mismos que estamos rechazando. Lo que Jung llamó “La sombra”.

Rechazamos en nosotros lo que consideramos malo en otros, no porque no lo tengamos dentro ya que si conocemos la honestidad es porque sabemos de su opuesto, el arriba no es nada sin el abajo, no hay bien si no se puede comparar con el mal, luz sin oscuridad, no hay fidelidad si se desconoce la infidelidad, no hay confianza si no se sabe lo que es desconfiar…

Rechazamos en nosotros la sombra de lo que expresamos conscientemente y condenamos al resto por poseer aquellas facultades que no quisiéramos en nuestro interior y aún así forman parte de nosotros.

Creemos que somos mejores ocultando lo que nos parece poco aceptable de nuestro interior.

Uno no es malicioso si no quiere pero no puede ser bondadoso sin saber perfectamente cómo hacer el mal. La sombra está en nosotros y las personas que nos rodean son el reflejo de esa parte que no aceptamos, que no expresamos, que impedimos que salga. La sombra son todas esas cualidades e impulsos ocultos en nuestro interior.

Para saber cuál es nuestra sombra sólo tenemos que hacer un ejercicio de sinceridad con nosotros mismos y preguntarnos qué es lo que nos pone nerviosos en los demás, lo que cambiaríamos de ellos, lo que despreciamos, nos disgusta….

Si te disgustan las personas excesivamente sinceras quizá sea porque tu no logras serlo y te lo recuerdan, o porque no te sientes capaz de confrontar esa sinceridad y poner límites al resto.

Si te disgustan las personas muy violentas es quizá porque no aceptas que la violencia también reside en tí y esa necesidad de ser perfecto te tiene atrapado en una personalidad que sólo es medio cierta, y es que a veces tu también tienes ganas de dar algún que otro golpe en la mesa pero no te sale o sientes que abusan de tí y tu confianza con facilidad.

Si te decepcionan las personas maleducadas quizá sea porque reprimes de tí algunos impulsos que lo son.

Si te enrabias por dentro cuando esa persona te ignora o te desprecia quizá sea porque te recuerda tu profunda necesidad de mendigar amor para conseguir la aprobación de todos y el malestar horrible que te produce no tenerla. Quizá aún estés en el camino de aprender a quererte sin necesitar que nadie más lo haga.

Si te molesta que te llamen tonto, lento, falso, interesado… quizá no aceptes que a veces también posees esas cualidades o que luchas contra ellas buscando construir un ser humano acorde a tus creencias de lo que es bueno. Si te molestan las personas que tachas de falsas, interesadas o estúpidas quizá sea porque tu ego precisa de una dosis urgente de humildad…

En los pueblos, las oficinas, los entornos con muchas personas que se relacionan habitualmente esto pasa mucho, la gente conoce la vida del resto y habla de ella desde la crítica sin darse cuenta de que los mismos pecados que acusan sólo pueden reconocerlos por propio conocimiento.

Y así todo…

No sé trata de ser quien no quieres ser, sino de aceptar que para ser quien eres en realidad debes aceptarte total y profundamente, incluido tu lado oscuro. Desde esa toma de conciencia puedes decidir saludablemente qué rumbo a tomar al respecto.

No caen las personas en tu vida por casualidad, caen como espejos ya que por más que ocultes lo que te disgusta o avergüenza de tí, sigue ahí.

El otro día en la película “Ahora o Nunca” me encantó una escena en la que la protagonista se sincera profundamente durante unos segundos y dice lo que piensa a otra persona sin tapujo alguno ¡y se queda tan ancha! ¿Verdad que a veces te encantaría decir lo que piensas?

No es necesario gustar a todo el mundo, no es necesario ser aprobados por nuestro entorno para ser felices, y sin embargo creemos lo contrario y nos pasamos la vida poniendo nuestra mejor cara cuando por dentro estamos hartos o cansados.

Cuando uno comienza a ser sincero consigo mismo, las cosas cambian, te aceptas tú, te acepta el resto, y con quien no es así carretera y manta ¿o no?

¿Es que te vas a pasar toda tu vida simulando ser perfecto?

No lo eres, y yo al menos te quiero más así y me fio más de ti. Sé que sabrás elegir porque dentro de tí has visto la oscuridad y te has enfocado a la luz. Me fio de tus decisiones gracias a eso.

Las enfermedades sólo reflejan esas represiones, esos secretos que nos han dañado durante años, esos argumentos que no culpamos por no haber dado, aquellas veces que sentimos no habernos defendido bien, esas sensaciones de incapacidad, falta de valor o amor propio que nos han acompañado durante años.

Las enfermedades son la consecuencia de las emociones enquistadas, de impactos emocionales o necesidades vergonzosas, de la rabia reprimida, la búsqueda de atención, el reclamo de cariño, la sensación de no ser amado, del vacío, del miedo cargado de poder, del resentimiento, de la ausencia de sensación de valía, del desprecio por nosotros mismos o de la necesidad de aceptar quienes somos y poner límites en nuestras vidas.

Sólo así se alcanza el equilibrio y se restablece la salud cuando aún se está a tiempo de hacerlo. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Recuerda los demás sólo te recuerdan cosas tuyas, y las enfermedades son el colmo de que no escuches ese mensaje.

Estamos en el camino.

Ejercicio 

1.            Escribe aquí una vez hayas trabajado la ventana, cuáles crees que son tus mejores cualidades y sus antónimos.

2.            Redacta en qué situaciones te comportas o te has podido comportar como describen esos antónimos.

3.            Escribe pensando en esos antónimos, ¿a qué personas de tu vida te recuerdan?

4.            ¿Has pensado en de qué manera podrías reducir tu área de secretos?

5.            ¿Cómo podrías liberarte de algunas cargas? De esos comportamientos y pensamientos internos y externos que no encajan con la imagen que te gusta dar de ti misma.

6.            ¿Qué te esclaviza por dentro?

7.            ¿En qué malgastas tu energía?

 

*Inspirado en la película interactiva de Debbie Ford, “El efecto de la sombra”

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